Después de pensarlo mucho y de darle muchas vueltas, he llegado a la conclusión de que la física dice ciertamente, que en un espacio determinado cabe un número contado de cosas, y que las paredes no son de chicle.
No me caben los "trastos" donde los quiero poner, de una manera cómoda.
Por eso, he desarmado librerías y las he vuelto a armar, colocándolas de mil maneras, para ver si puedo trabajar en el mismo sitio todas mis aficiones. Así he estado esta última semana.
Y rebuscando y cambiando las cosas de lugar, he encontrado muchas de las labores que había olvidado, dejado sin terminar, para otro momento, etc.
Así que he decidido acabar con ellas, es decir, terminarlas.
Estas son unas bolsas para el calzado.
También acabé un encargo para una amiga y su hija, que querían camisetas con Matrioskas, las dos iguales.
Esto es lo que me ha cundido la reubicación de esta pasada semana, en cuanto al patchwork.
Gracias por continuar leyéndome, aunque en la mayoría de las ocasiones, soy una osada y sólo digo naderías.

